En busca de la racionalidad perdida
Por Alfonso Esquivel Campos.
Hace unos días, en la celebración del día mundial de teatro,
un griego nos advertía sobre los riesgos que corre la humanidad en esta nueva
edad media por la que pasa el siglo XXI, y remataba afirmando, por la que pasa la
humanidad en esta barbarie contemporánea en la que vivimos.
Impera el caos, el desorden, la violencia extrema, los desarreglos
entre personas e instituciones y países. Las relaciones diplomáticas, al parecer
se están refundando no bajo la lógica del pensamiento libre y democrático, sino
sobre la base darwiniana de la sobrevivencia del más fuerte y el más apto a
estos tiempos caóticos.
En la búsqueda de un asidero, más mental que intelectual, y
para ya entrar en materia, nos remontamos unos 3,000 años antes de nuestro tiempo,
y nos encontramos con la cultura griega, con una cultura temprana pero esplendida.
Podemos casi afirmar que los primeros registros de la
historia del pensamiento occidental datan meramente de hace 3,000 años. Una brisa
en el tiempo. Tras subrayar lo complejo del tema, baste decir, que algunos historiadores
ubican la revolución agrícola hace unos 10,000 años atrás. Algunas pinturas rupestres
datan de hace 20,000 o 30,000 años. Si nos vinculamos a la genética, los
genetistas creen que nuestra especie, lleva rumiando, más o menos en su forma
reciente, 100,000 o quizás 200,000 años.
Es decir, que antes que pensar, trabajamos, fuimos nómadas, vivimos
en cavernas amontonados como salvajes supersticiosos, cazando mastodontes y el
resto del tiempo nos la pasamos haciendo magia y luchando sin ninguna ley en la
mano.
Y después, mucho después, empezamos a aprender a pensar. Nada
de que sentirnos orgullosos de nuestro pasado intelectual, y, por si fuera
poco, muy reciente en la línea del tiempo. Entre gruñir, llevar un garrote, asestarle
duro en la cabeza al otro, y la primera ley que trató de ordenar esa violencia,
pasaron miles de años. Podemos afirmar, que tenemos apenas unos segundos de
superación de esta marcada vulgaridad, de nuestra existencia cotidiana.
Quizá por ello, hoy día, con toda probabilidad, pervive en
nosotros una buena dosis de salvajismo y caverna, incluso en el pensamiento más
avanzado. Musk, es un buen ejemplo de lo anterior.
El relato sobre los orígenes de la supuesta racionalidad
humana, entusiastamente, la ubicamos en la era presocrática o prefilosófica,
era en la que empezamos a inscribir sobre algún tipo de papel, conceptos
abstractos como “sujeto, objeto, ser”, y demás.
No hay que olvidar que la supuesta racionalidad de la filosofía
griega nacería en medio de las convulsiones épicas de la época. No en balde la
primera novela cumbre, digamos el “BEST SELLER” de la humanidad de ese tiempo
fue una novela acerca del egoísmo, la pasión, y la violencia desatada entre las
dos naciones más poderosas del momento, por una causa de género, que hoy día
tal vez sería clasificada como un absurdo de la percepción acerca del orgullo y
del honor.
La Ilíada y la Odisea de Homero, no es sino un largo cuento, eso
sí, magistralmente relatado, acerca de un pleito entre dos hombres por una
mujer. Triste pretexto para derruir y conquistar las murallas de la noble y
orgullosa Troya. Para nosotros, no es una historia nueva. Vaya, ni siquiera se
nos antoja una historia racional. Es tan pasional que hasta los dioses se metieron
en el pleito. Los dioses dirigieron arcos, flechas, espadas y escudos a favor
de sus predilectos. No sin antes dejar claro, que, en la guerra, al final de
cuentas, gana el más fuerte, el más poderoso.
En el siguiente capítulo de esta emocionante historia, le
dedicaremos un par de cuartillas a la triada esencial de la filosofía helénica.
Es decir, hablaremos, de Sócrates, Platón y Aristóteles y de sus aportaciones
modestas en el libro de la historia del pensamiento occidental. Fijemos un
punto: desde la Grecia clásica, pensar, filosofar, fue motivo solamente de unos
cuantos seres humanos, mientras que los demás eran absolutos diletantes de la ignorancia,
de la barbarie y de la guerra.
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