Cruce de vías: Manuel Ávila Cano y el teatro
(In memoriam)
Por Alfonso Esquivel Campos
Se que hay temas acuciantes en la
agenda de nuestros días; muchos de ellos, fuera de nuestro alcance en su
resolución. Por lo tanto, y, con el afán de no generarme auto estrés prefiero
escribir acerca de un hombre amable y de un tema que me apasiona: Manuel Ávila
Cano y el teatro.
Dicen que la modestia es un pecado
a sabiendas y ese fue el defecto mayor de nuestro amigo Manuel Ávila Cano.
Pido disculpas de antemano para hablarles
brevemente del contexto en el cual le realizamos un homenaje a Manuel Ávila
Cano, durante el segundo festival regional de teatro de Campeche, durante el
cual inauguramos, dentro del llamado “Claustro” del Instituto de Cultura un
espacio dedicado a su nombre, y en el cual hoy día se realizan los jueves
teatrales Juan Arce Savedra.
Manuel Ávila Cano nació en la
ciudad de Campeche el día 5 de junio de 1943, hijo segundo del matrimonio
formado por Don Alonso Ávila R. de la Gala y Doña María Cano Góngora, ambos ya
fallecidos.
Desde muy pequeño, demostró un
profundo interés por las bellas artes, ya que a temprana edad inicio estudios
de piano con la conocida maestra (en aquella segunda mitad del siglo XX) Gladys
Ramos de Gómez. La primaria y secundaria las cursó en la escuela Justo Sierra y
posteriormente, en el Instituto Campechano se graduó de maestro de Educación
Primaria.
Su profesión de maestro de educación
primaria la alterno con la de Licenciado en Derecho, que estudió en la
universidad de Sureste y en la cual su magnifico desempeño le valió el cargo de
defensor de oficio federal que sustentó por cerca de 24 años.
Su afición por el teatro se
despertó siendo también todavía muy joven, cuando asistía a disfrutar de las
obras que traían grupos artísticos al teatro Francisco de Paula Toro, donde su
padre laboraba y sus amigos lo dejaban entrar a ver la actuación de María
Teresa Montoya y otros famosos actores de la época.
Sus primeras experiencias fueron
como asistente de dirección de su amigo Joaquín Lanz (cuyo nombre lleva el teatro
universitario hasta hoy día) y como señala una de sus actrices, “a nivel estudiantil”
hasta que, después de varios cursos, sustentados ante conocidos maestros
nacionales de dirección, comenzó su brillante carrera en la que durante 25 años
llevó a la escena campechana y nacional, el montaje de más de 50 obras de temática
universal, aunque casi siempre con su grupo de actores, que le fue fiel siempre.
El nombre de Manolo, como se le conocía
afectuosamente quedó ligado así al de los actores y actrices más reconocidos de
esta su tierra, como Rosa María Lara, María Alma González, Enrique Escalante,
Juan Manuel Herrera, Gustavo Aguilar Fuque, Fernando Hernández Rat, Javier
Macossai, Juana Rodríguez, Luis de la Vega (Luigi) y muchos más.
Su particular interés en descubrir
nuevos talentos para la escena campechana hizo que muchos amigos personales
formaran parte de su grupo como Hilda Rodríguez Adam, Miguel Serrano Lezama,
Conchita Arjona, Rosalinda Quintero, y otros tantos más. Y necesario es decir
que la presencia del grupo de Manolo Ávila en los encuentros teatrales regionales
y nacionales, fue siempre muy notables, y su grupo siempre fue vinculado como
el grupo del seguro social, lugar en el cual trabajó muchos años Manuel Ávila
Cano.
El teatro de Manuel Ávila Cano
abarcó muchos géneros y autores; con obras del teatro griego clásico, pasando por
el teatro clásico español, y hasta alcanzar obras del periodo contemporáneo. Lo
mismo presentó “Medea que la cueva de salamanca” o “la zapatera prodigiosa”; de
igual manera presentó obras de su amigo el veracruzano Emilio Carballido que “el
mago de Oz” o “Un pequeño día de ira”, que “El Periquillo Sarniento”; así mismo,
presento “Milagro en el camino viejo” de Osvaldo Sagun, que “doña Rosita la
Soltera” de García Lorca, que “el cuarto de Verónica” de Ira Levine. También
montó obras de Chejov, como “El Oso y acerca del daño que hace el tabaco”, como
“Las noches blancas” de Dostoiewski. En fin, trabajó textos de Vicente Leñero,
de William Shakespeare, de Alfonso Paso, y destaca Rosa Divina que, en gentil
cultura, de Sor Juana escrita por el mismo.
Casi todos los que conocen su teatro,
coinciden, en que la ultima obra que presento en vida fue “La Ratonera”, de Agatha
Christie y de manera póstuma se presentó “La Zorra Tramposa y Alevosa”.
Un breve pero significativo
comentario acerca de “UN pequeño día de ira”, pieza en un acto de Emilio
Carballido obra en cuyo epígrafe se podía leer como única observación del
contexto de la obra: “En un puertecito del sureste, sobre el golfo de México.
Hoy.”. En el reparto por orden de aparición se puede leer cuatro decenas de
actores con su respectivo personaje; así, a Luis de la Vega, le correspondió Diodoro,
a Felipe Pinzón le correspondió el personaje de Arturo, a Carlos Lenin Reyes le
correspondió Esteban, a María Alma Gonzales, Micaela, a Aida Cueva Alcalá le
correspondió Alma y así hasta alcanzar un reparto de 40 personas en escena. Montaje
impensable, en una obra de teatro actual.
Manuel Ávila Cano fue un hombre discreto. Todos los días pasaba caminando por el Instituto de Cultura y amablemente daba los buenos días y hacia algún comentario sencillo pero campechano. Su último día en esta dimensión terrestre, regresó muy temprano en la mañana sobre sus pasos y a alguien le comentó: me siento un poco cansado, descansaré un rato. Fue la ultima vez que lo vimos con vida antes de convertirse en polvo de estrellas.
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