En busca de la racionalidad perdida II
Por Alfonso Esquivel Campos.
Decíamos ayer, que damos por
sentado, al menos en el occidente del mundo, que los griegos llevaron a la
civilización a un nuevo estadio en la historia del pensamiento humano.
Algo relativamente cierto. Los
griegos eran unos tipos extraños, aunque no se sabe bien a cierto, no usaban calzones,
cubrían su desnudez con largos batones o túnicas, si se quiere ver desde la
perspectiva de la comedia, andaban envueltos en sabanas. Les gustaba dar largos
paseos, al menos lo creemos saber por los textos socráticos filtrados por el
chismoso de Platón. Esos paseos, se entiende que los grandes maestros de la época
los realizaban haciéndose seguir por sus anhelantes pupilos; para definir este
proceso de elongación colectiva acuñaron un término: el peripatetismo, o sea,
el hecho de reflexionar sobre la marcha. Otra imagen vinculante a la comedia y
que trascendió hasta nuestros tiempos es que los griegos construían silogismos
y diálogos filosóficos mientras zurraban en baños colectivos. Esta imagen es
francamente patética, pero he escuchado a buenos maestros contar esta historia
en las aulas, como si hubiesen zurrado a lado de Sócrates. Les gustaba, según esto
beber y charlar al mismo tiempo; para ello mezclaban una porción de vino con
dos porciones de agua, porque supuestamente no les gustaba tomar el vino bronco
en su estado natural. Entonces hacían lo que hoy día hacen los lecheros del barrio
(perdón por la mala broma).
Se supone que odiaban la esclavitud,
pero les gustaba tener esclavos de otros pueblos. Algunas de sus mujeres, sobre
todo los de la alta jerarquía social, podían intervenir en la vida pública hasta
cierto punto.
Otra idea muy común es que los
griegos crearon la filosofía, sobre todo la relativa al mundo occidental. Es
decir, les atribuimos la característica humana del pensamiento abstracto. Todo
ello, mientras tomaban vino, charlaban en grandes caminatas y zurraban en baños
colectivos.
Resulta un poco incomodo
entender como un segmento poblacional con estas “civilizadas características”,
pudo haber inventado una forma de gobierno tan sutil, aunque quizá hoy día no
tan eficiente, como lo es la Democracia, además de reflexionar sobre otras
formas quizá más atractivas para muchos como lo son la monarquía, la oligarquía,
y un par más que se me olvidan.
Acotemos. Imaginamos a estos
pioneros demócratas como imparciales, justos, creyentes de la igualdad humana,
como una tribu civilizada entre hordas bárbaras. Para los griegos, la
democracia era una forma de poder, no una forma de la ley. Para complejizar
esto, Atenas la principal urbe democrática de los griegos, hacía un alarde (una
especia de Trumpismo antiguo), de un imperialismo ejemplar, por no decir depredador.
La corrupción y la incompetencia de sus gobernantes, no era ajena a esta
cultura democrática; más bien era inherente a esta forma de gobierno. Y, sin
embargo, los conceptos, democrático y bueno, eran prácticamente insustituibles.
Otra noción muy difundida es que esta forma de gobierno democrática incluía a
los grandes contingentes de masas amorfas. Era el gobierno de las masas.
En otras urbes sucedía más o
menos lo mismo, solo que, en Esparta, por ejemplo, prácticamente mandaba la
casta militar, la cual tenía un sobrepeso al considerarse que la guerra era su única
y principal función, en alguna clase de historia escuché decir a un maestro que
cuando los espartanos no tenían enemigos en puerta, dividían a su ejercito y peleaban
entre ellos para no dejar de ejercitarse en los atributos bélicos que les
correspondían por ley.
Visto así, los griegos,
parecieran una cultura que había superado los atavismos y las supersticiones de
su tiempo, pero no. Este pueblo profesaba respeto y veneración por sus
antepasados. Y lo manifestaban quemando trozos de carne y huesos de animales en
sus adoratorios, en honor de sus dioses y de sus espíritus ancestrales.
Sin duda, en su tiempo, hace
tres mil años, los griegos se antojarían como una cultura envidiable, moderna y
civilizada. Hoy día, sería impensable realizar un periplo peripatético, envuelto
en sábanas, sin ropa interior abajo y seguido por una bola de chavos, chavas y
chaves.
En términos generales se le
atribuye a Platón el rescate de los diálogos de Sócrates en sus peripatéticos recorridos
que son los diálogos de Platón dado que Sócrates, que se sepa, como Jesucristo,
nunca escribió una línea. Los diálogos de Platón en el cual este plantea las
supuestas ideas de Sócrates son un conjunto finito de preguntas y respuestas a través
de las cuales, Sócrates intentaba demostrar que cualquier ser humano sabía más
de lo que creía saber, este método podemos afirmar, es el del mundo de las interrogantes,
es el mundo de la duda, se le atribuye a Sócrates esa pequeña pero profunda
frase que nos impulsa a dudar de todo. Este método, se le conoce como la “mayéutica
socrática” y que durante el periodo del renacimiento se le conoció como la duda
epistémica (algún día platicaremos de Descartes). Quiere decir todo esto que, en
los primeros usos de la razón, el hombre se planteó y hoy en día se sigue
planteando, más preguntas que respuestas; y ejercitando su desventaja biológica
de ser un animal poco especializado, desarrollando su facultad distintiva del
reino animal, que es la del pensamiento simbólico o abstracto.
Sócrates y Platón, maestro y
alumno, fueron una unidad de pensamiento. Y esto es necesariamente así, dado
que el segundo habló y escribió por el primero. Platón fue más allá, al teorizar
sobre un concepto terriblemente complejo: la idea. Para ello, se valió de una metáfora
romántica. Al aglutinarse en las cavernas, y colocarse alrededor de una fogata,
el resplandor de ésta reflejaba en las paredes, las sombras de los que ahí se
encontraban y también las de los que pasaban por la boca de la caverna. Platón
concluyó que esas sombras eran como las ideas y que tenían el mismo valor de existencia
en la realidad que los hombres que las generaban. El idealismo platónico ha tenido
múltiples interpretaciones. Y por supuesto, no seré yo quien ponga el punto
final sobre este tema en este diletante texto.
Alumno de Platón y maestro de
Alejandro el Magno, Aristóteles cierra la triada del pensamiento primigenio de la
antigua tribu griega. Su discípulo Alejandro Magno fue su primer y único mecenas
de Aristóteles, lo proveyó de todo lo necesario para que el maestro tuviera como
única función en la vida, pensar y reflexionar acerca de una y de todas las
cosas del mundo. Sería prácticamente imposible hablar de la vastedad aristotélica
en un paupérrimo párrafo. Aristóteles es el fundador de prácticamente todas las
disciplinas que un cerebro humano, considerando todas las limitaciones de su
tiempo podría abarcar; fue el primer “generalista” y al mismo tiempo su
pensamiento específico sigue vigente en campos como la poética, la economía, la
política, y por supuesto la filosofía misma. Como politólogo que soy, solo
mencionaré un pequeño fragmento de la vigencia del pensamiento aristotélico. En
la ética Nicomaquea, el maestro Aristóteles le explica a un alumno las formas de
gobierno. En el capitulo 4 de ese texto, Aristóteles habla sobre la democracia
y en efecto, no concluye que sea la mejor forma de gobierno, pero si confirma,
que es la que más se aviene, a los intereses de la naturaleza humana. Y por
supuesto, también explica otras formas de gobierno más autoritarias y jerarquizadas.
Tonto no era.
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